Hoy 3 de mayo celebramos a nivel nacional el Día del Ingeniero Forestal. En ausencia de una fecha común, los países eligen distintos días para celebrar a quienes han abrazado esta hermosa profesión como su opción vocacional y de desarrollo laboral. Para México y Argentina esta fecha se celebra cada 16 de agosto, mientras que en Colombia la celebran cada 4 de octubre. En Honduras la celebran cada 30 de mayo.

Independiente de la fecha escogida, es una oportunidad para destacar el aporte que realizamos a la sociedad aquellos(as) profesionales que hemos sido formados para gestionar nuestros recursos naturales. No solo los bosques en su mirada productiva, sino abordar su protección, conservación, su uso sostenible, desarrollar investigación en torno a ellos y conciencia sobre su valor ambiental, sin olvidar también el aporte que realiza la profesión en entornos urbanos, a través de la gestión del arbolado urbano y las áreas verdes, entre muchas otras tareas que enfrenta con competencia y compromiso.

Conservar y a su vez promover un uso sostenible de los recursos forestales es un desafío enorme. La historia de la humanidad es en buena parte la historia de su relación con la naturaleza y en esa relación los bosques siempre han sido vistos como un obstáculo al desarrollo. Esta visión ha estado detrás de las irreparables pérdidas que han sufrido nuestros ecosistemas en el pasado y que siguen sufriendo en la actualidad.

Para profesionalizar la gestión de los bosques desde el siglo diecinueve e inicios del siglo veinte distintas instituciones, principalmente en Europa comenzaron a formar especialistas que pudieran abordar estos desafíos. En Chile a mediados del siglo veinte, con un retraso de casi medio siglo respecto a las experiencias foráneas, se crearon programas para la formación de ingenieros forestales. En la actualidad, con más de sesenta años de formación continua, la ingeniería forestal es una profesión consolidada que ha participado de diversos logros que puede ostentar el país en materia de gestión de sus recursos forestales.

También en estos más de sesenta años de existencia a nivel nacional no hemos estado ajenos a las controversias que acompañan la gestión de los recursos naturales en cualquier país. Ha sido inevitable, nuestra profesión se creó en parte para enfrentar el complejo desafío que presentan todas las sociedades de aspirar a conciliar un creciente desarrollo económico y material con la conservación de nuestro medio ambiente. Esa relación ha pasado por diferentes etapas y paradigmas, siendo en la actualidad el desarrollo sostenible el paradigma imperante. Nos parece bien, ya que nos sentimos plenamente representados por el paradigma del desarrollo sostenible. Estamos convencidos que nuestra profesión encarna los valores de la sostenibilidad.

En la actualidad y como en toda nuestra historia de más de sesenta años, enfrentamos complejos desafíos. Somos testigos del surgimiento de sociedades que han visto incrementado exponencialmente sus niveles de consumo en los últimos treinta años, presionando sobre los cada vez más frágiles ecosistemas, extendiendo los impactos a cada rincón del planeta. Al mismo tiempo que nuestras sociedades aspiran a disfrutar de ese consumo, enfrentamos crecientes movimientos ciudadanos exigiendo la protección de los ecosistemas amenazados y cambios en los paradigmas de desarrollo.

No puede haber desafío más apropiado para los y las ingenieros forestales. Reivindicamos una vocación por la sostenibilidad y reivindicamos un protagonismo en intentar conciliar estas legítimas ambiciones de la sociedad.  Desde el Colegio de Ingenieros Forestales de Chile, nos comprometemos a trabajar para que nuestro desempeño se realice con apego a una ética profesional que esté a la altura de estos desafíos y a fortalecer el papel de la ingeniería forestal en nuestra sociedad.

¡¡¡UN FELIZ DÍA A TODAS Y TODOS LOS INGENIEROS FORESTALES DE NUESTRO PAÍS!!!

Roberto Cornejo Espósito  – Presidente Nacional – Colegio de Ingenieros Forestales de Chile