El pasado 13 de mayo en Valdivia se realizó la ceremonia de entrega de la distinción “Domingo Urzúa” al ingeniero forestal Jan Koster. La distinción es entregada por la Sede Los Ríos del Colegio de Ingenieros Forestales y lleva el nombre de Domingo Urzúa Vergara, ingeniero forestal con una destacada trayectoria profesional vinculada a la región y a la Universidad Austral de Chile (ver biografía).

Compartimos el discurso entregado por el presidente de la sede Regional Los Ríos del Colegio de Ingenieros Forestales en ocasión de la entrega de la distinción al colega Jan Koster.

DISCURSO DEL PRESIDENTE REGIONAL LOS RIOS, ROBERTO IPINZA, CON MOTIVO DE LA ENTREGA DE LA DISTINCIÓN “DOMINGO URZÚA” 2022.

Estimados colegas, junto con agradecer vuestra asistencia que sin duda realza este evento, quiero comenzar saludando a los señores Jorge Cabrera, German Clasing, Álvaro Contreras y Ernesto Weil, miembros de la directiva regional del Colegio de Ingenieros Forestales de la Región de Los Ríos, por su esmero y trabajo realizado en este periodo y en especial por la preparación de este importante evento. 

Hace algunos años un colega austriaco me comentaba que nunca en su vida y las de sus ancestros de varias generaciones de ingenieros forestales en su familia, había podido cosechar un árbol que el mismo había plantado, pero que eso si lo pudo hacer en  Chile. Lo decía con un gran orgullo ya que normalmente la plantación y cosecha forestal conlleva largos periodo que generalmente sobrepasan la duración de la vida humana. Para ello, los ingenieros forestales han venido aplicando los principios de sustentabilidad que han regido la labor forestal a nivel mundial desde que este término se acuñó en Alemania hace más de 300 años; muy anterior al “descubrimiento” -hace solo 35 años- del desarrollo sostenible del Informe Brundtland.

Hoy los bosques reducen el 11% de las emisiones que genera el calentamiento global. Entonces, ¿por qué no se oye hablar más sobre la actividad forestal como un pilar central de la solución climática? ¿O del enorme potencial de aumentar aún más los beneficios climáticos generados por la actividad forestal? Esencialmente por cuatro razones:

En primer lugar, cuando el IPCC presenta sus modelos de referencia, no se cuantifica el manejo de los bosques ni se relaciona la aportación de los productos forestales (secuestro temporal en usos de larga duración como construcción) con el manejo forestal ni con la circularidad fundamental de la bioeconomía. Por el contrario, se restringe el foco a la extracción de árboles vinculándola a la deforestación responsabilizando así al manejo forestal de «el 11 % del problema climático». Todo lo contrario al sentido común.

En segundo lugar, el relato forestal– incluyendo el financiamiento intergubernamental – se centra en la deforestación y en los intentos de reducir este fenómeno. Es cierto que se trata de un reto muy importante, pero no se trata de bosques manejados. Se trata casi exclusivamente de un cambio de uso del suelo provocado por la agricultura y que afecta a bosques no manejados que no deben nunca confundirse con los territorios forestales manejados.

En tercer lugar, se correlaciona sin fundamentación consistente la pérdida de la diversidad biológica forestal con el cambio climático. Este hecho refuerza la oposición a la gestión forestal al presuponer que la extracción de madera conduce irreversiblemente a la pérdida de biodiversidad. Por el contrario, la gestión forestal activa incluye el cuidado del medio ambiente natural. Disponemos de legislación y mecanismos de control para su supervisión. Los riesgos pueden haberse sobreestimado.

En cuarto lugar, las soluciones climáticas solo se consideran soluciones si son “adicionales”. Es decir, responden a una acción incremental. Un árbol que se planta para la mitigación del clima, cuenta, pero un árbol que se planta por razones silvícolas, no. Este principio de «adicionalidad» es un obstáculo. Exigir la exclusividad de los beneficios climáticos no encaja con una gestión forestal multifuncional como la entendemos los forestales.

Hoy sabemos que en los debates sobre cuestiones de la naturaleza y en particular sobre su protección, el discurso técnico es superado por el discurso emocional. El amor a la naturaleza reivindicado por la población, mayoritariamente urbana, es un amor supremo, indiscutible, maniqueo, no admite matices. O todo o nada. Este amor, como también ocurre con la fauna, tiende peligrosamente a entregarle atributos humanos a los árboles, dotándolas de consciencia, hablando de su intervención como crimen o ecocidio, y de esta manera preparan el terreno para moratorias basados en una moralización del activismo ambiental.

Este pensamiento acrítico, encubre la realidad en lugar de analizarla, y prescindiendo del conocimiento experto intenta prohibir su aprovechamiento, aceptando únicamente su contemplación. El mensaje es sencillo: la naturaleza es sabia, ella se autorregula, no tenemos derecho a “utilizarla”. En el medio urbano esta sentencia gana adeptos a velocidad vertiginosa. ¿Cómo no abrazar iniciativas que promueven incluir un determinado paraje en una zona protegida, prohibir las “talas” de los bosques nativos o frenar la expansión del eucalipto? De no hacerlo se corre el riesgo de ser tachado de extractivista e insensible.

Nuestros jóvenes reciben tanto en el colegio como en las distintas plataformas a las que acceden un bombardeo de información que asocia la corta de un árbol con un crimen y, sin embargo, la mayoría de las imágenes de cortas proceden de cortas sostenibles y no de deforestación. Una operación y una herida por arma blanca se parecen mucho, pero a todos nos han educado para saber discriminar una intervención de una herida premeditada. Todos aspiramos a unos bosques respetados y altamente resilientes frente a las amenazas. El problema no radica en los objetivos compartidos, sino en los diferentes caminos para alcanzar esos objetivos.

Esta posición respecto a lo que debe ser nuestra relación con la naturaleza y los bosques, se emparenta con el decrecimiento y con una idealización del pasado. Sostiene que el continuo desarrollo de la tecnología desde la Revolución Industrial ha sometido al ser humano a una desnaturalización y a un deterioro inaceptable del medio ambiente. Sin embargo esa mirada es reduccionista, el progreso tecnológico nos ha dado más libertad y aunque los avances de la ciencia tienen riesgos potenciales, se corren muchos riesgos sin ella. En esta dicotomía los ingenieros forestales pretendemos el progreso de las personas y la conservación del medio ambiente, poniendo en práctica el concepto amplio de sostenibilidad que el ya fallecido premio Nobel de Física de 1969, Murray Gell-Mann, quien incluía en el concepto además de la conservación del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la mejora de la alimentación, la salud, la educación y la paz en el planeta.

En este esfuerzo de nuestra profesión, debemos ser capaces de superar visiones instrumentales que limitan la gestión forestal a un mero mecanismo de «compensación», y posicionarla como fuerza transformadora central para un nuevo paradigma: la bioeconomía circular. Se necesita urgentemente una estrategia forestal visionaria y viable con urgencia, dado que en la próxima década nos enfrentaremos a una situación sin precedentes. Por un lado, el cambio climático y las perturbaciones naturales podrían llevar a muchos de nuestros bosques a un punto de inflexión en el que ya no puedan proporcionar los servicios ecosistémicos que les demandamos. Por otro lado, la silvicultura y el sector forestal se van a encontrar con oportunidades únicas relacionadas con su potencial para generar una nueva gama de soluciones de base biológica cruciales para descarbonizar nuestra economía, mientras se crean empleos para una transición social y territorialmente justa.

Enfrentar los desafíos futuros exige el trabajo conjunto de los ingenieros forestales. No se puede sacar al sector forestal chileno de su actual estancamiento y polarización sin el concurso de sus profesionales, actuando de manera colaborativa, de manera gremial. En este sentido, nuestro colegio profesional no sea ha quedado atrás. El año 2015 emprendió la actualización de su Código de Ética, convencidos de que se requiere reforzar esta componente del desempeño profesional como fundamento de un actuar transparente hacia la sociedad. En el ámbito de su participación en las políticas sectoriales, el año 2007 elaboró con el apoyo de FAO una propuesta de Política Forestal que entregó a las autoridades de la época, lamentablemente con poca receptividad. Debieron pasar casi diez años para que se impulsara desde el gobierno una política forestal explícita para el sector, la que lamentablemente se ha quedado en los enunciados y no ha traducido esos enunciados en acciones.

En los últimos años el Colegio ha participado en las principales instancias de diálogo del sector forestal público-privado, tales como el Consejo de Política Forestal, el Consejo Consultivo de la Ley de Bosque Nativo, la Alianza por el bosque Nativo, conformada por APROBOSQUE, CORMA-BN y CIFAG. Esta Alianza prontamente sacará un documento de propuestas para impulsar el manejo forestal sostenible del bosque nativo, documento en el que han trabajo por más de dos años. También nuestro gremio colabora y apoya a otras organizaciones como son la Sociedad Nacional Forestal (SNF). Además de un trabajo permanente de acercamiento y comunicación con autoridades políticas. En definitiva, intentar en la medida de sus capacidades, constituirse en un referente técnico del debate forestal.

Nada de esto será posible si no contamos con la participación de la mayor cantidad de colegas. Este es uno de los desafíos más acuciantes de la actividad gremial, lograr compromiso y apoyo de todos los profesionales. Lograr crear un sentido de pertenencia y no solo mirar los problemas desde afuera o esperando que otros carguen la mochila de enfrentarlos. Por lo mismo, eventos como el que nos ha reunido hoy son una excelente oportunidad para hacer un decidido llamado a incorporarse a nuestro gremio, aportar con sus cuotas sociales, que son la principal fuente de financiamiento, o a través de la participación en directivas regionales, nacionales o en comisiones temáticas. Las puertas están abiertas para, hoy más que nunca, fortalecernos ante los importantes desafíos que enfrentaremos en los próximos años.

A nivel regional, estamos elaborando un plan estratégico regional. Hemos definido al bio-producto madera y la bioenergía renovable, como el principal elemento que debemos realzar ante la comunidad y de esta forma estamos sensibilizando al gobierno regional, a las municipalidades y autoridades regionales en general.

Otros desafío son lograr mayor participación e incidencia en el debate de las políticas públicas de la actividad forestal, mejorar la paridad de género, ampliar la representatividad territorial del Colegio para incluir nuevas sedes en el extremo sur del país, participar activamente en una agenda de futuro para el sector, desmontando mitos y combatir la polarización del debate forestal.

Estimados colegas, nuestra profesión está más viva que nunca. Sin duda, tendremos que afrontar nuevos retos, pero estamos preparados para ello. Mantengámonos unidos como compañeros y avancemos en la misma dirección. Siempre tendremos la plataforma de cooperación que nos brinda nuestro Colegio para ayudarnos en este cometido.

JAN KOSTER, UN EJEMPLO DE PROFESIONAL DEDICADO AL TRABAJO GREMIAL

Ya hemos señalado que la acción gremial es uno de los voluntariados más importantes que un profesional puede realizar en su vida y nuestro colega Jan Koster ha sido un ejemplo de compromiso gremial. En efecto, muchos somos testigos del tiempo que le ha dedicado en los últimos años a la actividad gremial, tanto en el Colegio de Ingenieros Forestales, participando en su directiva regional en la Araucanía, como creando y dirigiendo la asociación gremial de propietarios de bosque nativo, APROBOSQUE. Esto habla de un profesional profundamente comprometido con el sector en el que se desempeña, buscando aportar desde su experiencia al mejoramiento de las políticas públicas sectoriales.

Esta vocación pública casi siempre es de dulce y de agraz. Esto muchas veces hace cuestionarse a quienes la abrazan si vale la pena seguir insistiendo. Por lo mismo, la permanencia de Jan en la defensa gremial no solo debe ser destacada sino admirada por sus colegas.

El esfuerzo que Jan Koster ha desplegado en sus actuaciones a través de APROBOSQUE, debería ser un ejemplo para cada uno de nosotros. Su norte ha sido la conservación, valorización y mejoramiento de los recursos forestales a través de su uso sostenible y la comprensión por parte de la sociedad de la importancia de estos objetivos. Para eso nos formamos, para ser activos protagonistas de una gestión forestal que no debe abandonar los bosques creyendo que esa es la solución para conservarlos. No estudiamos ni nos formamos profesionalmente para abandonar los bosques, y eso Jan lo tiene muy claro.

Quienes se colocan en la primera línea de la batalla por las ideas, defendiendo nuestro sector, merecen un reconocimiento. Y eso es lo que buscamos hoy al destacar la trayectoria de nuestro colega.

El Colegio de Ingenieros Forestales tiene su razón de ser en la convicción del trabajo colaborativo y en la búsqueda permanente de la excelencia en el desempeño profesional, excelencia técnica y por sobre todo ética. En estos tiempos altamente polarizados resulta lo más cómodo restarse de opinar y defender los valores de la sostenibilidad del desarrollo. Opinar es exponerse y muchos prefieren un trabajo silencioso, eludiendo las amenazas de un conjunto de actores que no entiende o distorsionan nuestra labor. Cuando nos restamos de actuar, lo que hacemos es transferir esa responsabilidad a los pocos que deciden seguir peleando, esperando que ellos se hagan cargo de esa defensa gremial y además muchas veces los juzgamos duramente por no lograr más de lo que consiguen con sus esfuerzos.

El individualismo no nos va a sacar del estado en que el sector forestal se encuentra hoy. Sólo el trabajo colectivo y la búsqueda de miradas compartidas de futuro nos permitirán avanzar en el sueño de un país realmente forestal.

Esta noche en la que destacamos a uno de los nuestros debe servir también para reforzar el siempre debilitado compromiso de trabajo conjunto por el sector al que decidimos dedicarle nuestra vida profesional. No importa si es en el sector público, en la academia, en una gran, mediana, pequeña empresa o en emprendimientos propios; somos parte de un gran sector que nos exige algo más que un trabajo individual y silencioso. Es lo que Jan Koster nos ha mostrado en los últimos años y es la razón de que lo estemos reconociendo en esta ocasión. Si es motivo de reconocimiento y aplauso, entonces debemos hacer el esfuerzo de seguir sus pasos, compartir esas ganas de servir. Existen diversos caminos para ello y la acción gremial, ya sea en APROBOSQUE, en el Colegio de Ingenieros Forestales (o en ambas), es una excelente oportunidad para agregarle valor a nuestro desempeño profesional.

Existen importantes y urgentes desafíos y pocos colegas dispuestos a enfrentarlos. Al reconocer la trayectoria de Jan Koster esta noche, estamos reconociendo que este es el camino a seguir. Nuestro sector, nuestros bosques, son demasiado importantes para dejarlos al arbitrio de quienes no reconocen su complejidad.

Amigos y compañeros que han dedicado su tiempo, su conocimiento y su esfuerzo, a la tarea de hacer la Ingeniería Forestal más útil a la sociedad y a divulgar su aportación a la calidad de vida y al bienestar de las personas retribuyamos con un gran aplauso y con el Premio Domingo Urzua a nuestro colega Jan Koster.

Gracias.

Arriba: Presidente regional Los Ríos, Roberto Ipinza, durante discurso de introducción y Jan Koster entregando unas palabras. Abajo: Entrega de un reconocimiento por parte de miembros de la Directiva Los Ríos.